Description
El cristianismo siempre ha tenido un problema con el poder. No porque el poder esté ausente de su historia, sino porque está presente de manera persistente. Desde las alianzas imperiales hasta las jerarquías eclesiales, desde la influencia política hasta la autopreservación institucional, el cristianismo ha demostrado repetidamente no una resistencia al poder, sino una atracción hacia él. Esta atracción rara vez se reconoce como tal; en cambio, se bautiza: se renombra como fidelidad, mayordomía, liderazgo o incluso misión. Sin embargo, bajo estas justificaciones subyace una realidad más inquietante: el cristianismo ha perseguido a menudo precisamente lo que su fundador rechazó.
Esto no es meramente una observación sociológica; es un problema teológico. Porque en el corazón de la proclamación cristiana no se encuentra un gobernante triunfante, sino un Mesías crucificado y —en el lenguaje de Apocalipsis— un Cordero inmolado. Y la pregunta que confronta a cada generación de creyentes es si se seguirá a esta figura o si será reinterpretada.
Este libro parte de la convicción de que el futuro del cristianismo depende, en gran medida, de cómo se responda a esa pregunta.





Reviews
There are no reviews yet.